«Todo tiene un precio. Nosotros lo fijamos.»
¿Quiénes somos?
No importa de qué isla vengas ni qué sangre corras por tus venas: si necesitas algo en Etereal, en algún momento tratas con el Consorcio Mercantil. Controlan las rutas de transporte de Etel, los mercados de todas las islas mayores, los bancos que financian expediciones y guerras, y los suministros que hacen posible que miles de personas vivan flotando sobre el Vacío.
El Consorcio no tiene ideología. Tiene balances. Un noble arruinado y un chatarrero de la Cofradía son exactamente iguales ante un contador del Consorcio: ambos son clientes con crédito o sin él. Esta indiferencia moral es precisamente su mayor ventaja competitiva. Dentro del Consorcio, la jerarquía es tan rígida como en cualquier aristocracia, pero basada exclusivamente en la riqueza generada. Los que suben lo hacen por talento. Los que caen, caen sin red.
Se rumorea que el Consorcio financia en secreto a varias facciones simultáneamente en tiempos de conflicto, asegurándose de ganar siempre, independientemente de quién venza. Nadie ha podido probarlo. Nadie ha podido negarlo tampoco.
Historia
El Consorcio nació de la necesidad más básica que creó la Gran Fractura: alguien tenía que gestionar el Etel. En los primeros siglos, esa gestión era caótica y violenta. Islas enteras caían al Vacío por falta de suministros mientras otras acumulaban reservas que se desperdiciaban.
Fueron varios gremios mercantiles rivales quienes, tras décadas de guerras comerciales que los devastaban mutuamente, decidieron fusionarse. El Acuerdo de las Tres Corrientes creó el Consorcio tal como lo conocemos: una entidad que opera por encima de las fronteras insulares y solo responde ante sus propios estatutos. Con el tiempo absorbió o eliminó a casi toda competencia significativa. Hoy es prácticamente el monopolio del comercio interinsular, una posición que defienden con eficiencia genuina, acuerdos exclusivos y, cuando es necesario, una presión económica que puede arrodillar islas enteras.
Cadena de mando
Orin Caudale
Gran Contador — Dirección estratégica
Orin Caudale no nació rico. Nació con la capacidad de ver el dinero donde otros solo ven problemas. Hijo de un marinero de la Hermandad de Navegantes y una tendera de la Isla de las Flores, aprendió aritmética mercantil de forma autodidacta y entró al Consorcio como aprendiz de contable a los catorce años. Cuarenta y un años después dirige la facción más poderosa de Etereal. Su ascenso fue implacable, su caída de rivales sistemática, y su código personal puede resumirse en una frase que él mismo atribuye a su madre: «Nunca destruyas lo que puedes comprar.» Tiene muy pocos amigos y un número imposible de personas que le deben favores.
Vessa Navarn
Maestre de Rutas — Control del transporte comercial
Vessa Navarn es la persona que decide qué llega a qué isla y cuándo. Nacida en las Islas del Viento en una familia de comerciantes nómadas, conoce las corrientes de Etel casi tan bien como la Hermandad de Navegantes, aunque ella misma admite que nunca ha tenido instinto para el mar. Lo suyo es la logística: la capacidad de mover mercancía, personas e información con una eficiencia que parece sobrenatural. Las demás facciones negocian con ella sabiendo que, si decide cortar una ruta de suministros, puede hundir una economía insular en semanas. Nunca lo ha hecho sin razón. Siempre se ha asegurado de que sepan que podría.
Héctor Gruin
Maestre de Deudas — Banca y crédito
Héctor Gruin es el hombre más temido del Consorcio, y posiblemente de todo Etereal. No porque sea violento —no lo es— sino porque lleva veinte años como responsable de los préstamos, créditos y deudas de facciones, nobles e islas enteras, y porque su memoria para los números y los plazos es perfecta. Nacido en la Isla Corazón en una familia de pequeños prestamistas, estudió economía en el Cónclave antes de decidir que el conocimiento teórico sin capital real no sirve de nada. Cuando Héctor Gruin te llama para hablar de tu deuda, la conversación suele ser breve y el resultado, inevitable.
